Imagino que el convidarme responde a lo hecho por el grupo de investigación Presidencialismo y participación durante estos diez productivos años. A lo que escribimos en los blogs Praxis Sur y Coyuntura Socio-Política, y a lo hecho en la iniciativa colectiva del Seminario internacional Gramsci.
Realizaremos este semestre y están invitados a la Segunda jornada internacional, dedicada al estudio presente de las Hegemonías y Contra-hegemonías en la Subregión Andina Amazónica y el Caribe en la que son invitados especiales Ecuador y Venezuela, junto a participaciones de Italia, E.U, y Cuba, con la presencia fundamental de los jóvenes de universidades públicas y privadas. Tenemos como horizonte intelectual y práctico, como programa de investigación principal la praxis de los grupos y clases subalternas, a los muchos que inventan y reinventan el imaginario de lo político en la antigüedad milenaria, y cuyo proyecto de emancipación y liberación estudiamos para conmemorar doscientos años de luchas y creaciones sociales y políticas.
El desierto de lo real
Por mucho tiempo, los EU dio por sentado que podía controlar a América Latina...desde sus orígenes como república...Luego llegó el periodo neoliberal, el control de los países por medios económicos, pero ya a finales de los 90 no era tan frecuente...Ahora EU da una respuesta en dos frentes: uno militar, y otro, la promoción de la democracia, un eufemismo de sometimiento. Obama le da continuidad. Noam Chomsky, Entrevista.
Entonces comunistas y socialistas, así como otras fuerzas de izquierda y democráticas juntaron esfuerzos y sueños en la Unidad Popular chilena. Luego, claro está, ocho años después recordamos los mortales ataques a sitios emblemáticos de la República imperial estadounidense, en una acción terrorista contra el mayor poder político- militar existente después del derrumbe de bipolarismo que se quebró a partir de la caída del muro de Berlín en 1989.
Esta fue una acción sintomática del nuevo orden global, perpetrada por los kamikazes del grupo internacional Al Qaeda, la base, cuyo liderazgo político-religioso aparece en cabeza de Osama Bin Laden, un practicante del wahabismo. Contra quienes se siguen lanzando operaciones punitivas en el mundo, y, en particular, en Afganistán, donde el nuevo presidente norteamericano concentra sin éxito aparente la poderosa maquinaria de guerra.
Esta búsqueda infructuosa con todo el poderío tecnológico implicado, hasta el día de hoy se refleja en la baja notabilísima en su popularidad inicial. Caída a la que ayuda el que Obama pretenda mejorar la salud de todos los norteamericanos, amenazando así la plusvalía de los grandes conglomerados del mercado de la vida, quienes se dedican al terrorismo mediático sin contemplaciones.
Treinta y seis años más tarde avanza una nueva ola de proyectos socialistas en la región latinoamericana. Todo lo cual ha generado un espacio-tiempo de nuevas esperanzas para las multitudes del Continente, quienes en su movilización, de rebelión y resistencia, impulsan una revolución democrática radical al interior de sus países en transición de los regímenes autoritarios y excluyentes del pasado, para los cuales no es suficiente la promesa siempre incumplida de la especie de las llamadas democracias liberales, que anuncian la libertad de oportunidades en el jardín que florece la planta carnívora de la desigualdad social.
Un nuevo orden regional en ciernes
Yo lo que veo es un mundo multi-nuclear, hoy, ya. Hugo Chávez
Chávez es un hombre extraordinario que ha conseguido reducir a la mitad la pobreza de su país. Oliver Stone.
No dejar tentarnos...primero los intereses del país y después el diálogo. Jaime Bermúdez, canciller de Colombia.
Empezando este año por el golpe de Estado en Honduras, socia reciente del Alba, cuyo presidente Manuel Zelaya fue expulsado a Costa Rica, a quien los golpistas pasaron por las barbas estadounidenses militarmente asentados en Palmerola. Luego viene en retrospectiva el episodio de la agresión colombiana a Angostura (Ecuador), donde el apoyo logístico desde Manta a la acción extraterritorial contra Raúl Reyes no ha sido desmentida por el gobierno estadounidense. Más atrás en el tiempo tenemos el fallido golpe contra el actual presidente de Venezuela, que no condenó en su momento el gobierno de Bush.
Hugo Chávez es, a no dudarlo, una de las voces más firmes e insistentes en contra de la acción e injerencia imperiales. Para lo cual insiste en dos antídotos, el Bolivarianismo y el Socialismo del siglo XXI. Es una trayectoria que el cineasta Oliver Stone, crítico de la aventura imperial norteamericana, reconstruye en el documental Al Sur de la Frontera estrenado y aplaudido en la mostra de Venecia con la presencia del mismo presidente.
La de Venezuela es una frontera que contrasta, y de qué modo, con la del Río Grande, que separa EU de México, donde las masacres, los asesinatos y todo tipo de delincuencia en lugar de disminuir crecen de modo exponencial a contravía de lo que presidente Felipe Calderón exclama con su política de seguridad armada que emula con la colombiana de Álvaro Uribe.
Este rosario de intervenciones abiertas y encubiertas, que tienen como pretexto la guerra global contra el terrorismo y el narcotráfico han agrietado la confianzas entre el hegemón del norte y los países de Suramérica, quienes en número de doce constituyeron Unasur. Ésta hizo su estreno independiente con ocasión de la reunión de la OEA que tuvo al presidente de República Dominicana como anfitrión, y zanjar la crisis boliviana aguzada con el pretexto de las autonomías de las provincias ricas que rechazan ser gobernadas por Evo Morales.
La verdad, sin embargo, es otra. Obedece a que el líder indígena apellidado español quiere cambiar la condición de exclusión y explotación de la mayoría de la población de Bolivia, donde hace casi doscientos años naufragó el sueño bolivariano de una nueva república, a raíz del asesinato de Antonio José de Sucre, y la resistencia de las elites locales. Un episodio sobre lo cual, recientemente, apareció una biografía que abre el camino a explorar con detalle la verdad de aquella vida y de aquel proyecto disutópico, en la medida que enfrentaba el poder de Europa y la naciente hegemonía del Monroísmo estadounidense.
Conviene recordar con Noam Chomsky, y también a Negri y Hardt, autores del libro Imperio, en la entrevista con Eva Golinger, con razonamientos diferentes para épocas diferentes, claro está, que "EU inició una nueva fase del imperialismo en Filipinas, en los años 1900, un control militar parcial, y un Estado de Vigilancia más complejo...EU fue fundado como un imperio. George Washington lo describió como un imperio infante. En 1898 empezó la expansión externa con el carácter de una misión divina. Es ejemplar, en lo interno, la carta fundacional de la colonia de Massachussets (1629), en cuyo escudo "un indio apunta su lanza hacia abajo", donde se lee: "Venid a ayudarnos".
Herman Melville, junto a Mark Twain, los grandes novelistas de la expansión estadounidense, con causas diferentes, señalaba: "No se puede derramar una sola gota de sangre americana sin derramar la sangre de todo el mundo...Nuestra sangre es como la corriente del Amazonas, hecha de miles de nobles corrientes, desembocando todas en una...Somos los herederos de todos los tiempos, y dividimos nuestra herencia con todas las naciones".
Una cosa es la generación y otra la corrupción política del Imperio, pero, una y otra fase le son necesarias. Así lo recuerdan y explican Negri y Hardt. Desde la antigüedad, el imperio rompía la alternancia de las formas buenas y malas de gobierno. Polibio, "afirmó que el Imperio Romano rompió este ciclo al crear una síntesis de las formas buenas de poder...como un movimiento que reúne los espacios y las temporalidades mediante los poderes de las fuerzas sociales que buscan liberarse del carácter cíclico natural del tiempo de la historia".[1]
Sin embargo, ambos autores que nos son coetáneos señalan, que "La síntesis de las buenas formas de gobierno, el gobierno de la virtud cívica, puede desafiar el destino pero no puede reemplazarlo. Crisis y declinación son determinaciones que deben ser superadas todos los días".[2]
Lo dicho, recordando ahora a Maquiavelo, establece que imperio es un concepto decisivamente expansivo de libertad, donde residen sus elementos de corrupción y destrucción. Él señala cómo fue la religión cristiana la que destruyó el Imperio Romano al destruir la pasión cívica de la sociedad romana pagana. Todo imperio, por el contrario, es afirmado en un terreno de inmanencia definida como "ausencia de todo límite externo a las trayectorias de la acción de la multitud...atada solamente, en sus afirmaciones y destrucciones, a los regímenes de posibilidad que constituyen su formación y desarrollo".[3]
En resumen, para los autores de Imperio (2000), un año antes de los atentados del 9/11, la crisis implícita en aquel es una posibilidad absoluta, "el signo de una posibilidad alternativa en el plano de la inmanencia, una crisis que no es necesaria pero siempre posible. Maquiavelo nos ayuda a entender este sentido de la crisis inmanente, constitutivo y ontológico".[4] Para concluir los dos polémicos autores, quienes siguen levantando roncha en el marxismo tradicional, aun no despojado de las adherencias stalinistas, que: Hoy, los mismos movimientos y tendencias constituyen tanto el auge como la declinación del imperio.
De todo lo cual es urgente que nosotros, los Americanos del Sur, los Sudacas, derivemos creativamente las principales lecciones estratégicas y ontológicas.
[1] Hardt y Negri. La declinación y caída del imperio, en: Imperio. Ediciones desde Abajo, Bogotá, p. 352.
[2] Op. cit., Ídem.
[3] Ibídem., p. 353.
[4] Ídem., p. 353.
Miguel Angel Herrera Zgaib