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Viernes, 06 de Agosto de 2010 20:36

La Unidad Oligárquica y la reforma democrática Featured

Written by  redazione
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Por: Miguel Angel Herrera Zgaib

Director Grupo Presidencialismo y Participación,

UNIJUS/COLCIENCIAS

Profesor asociado, Unal, Bogotá

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“no se trata de entrar en una repartija de la torta burocrática, que tanto rechazo crea entre la ciudadanía y que le abre las puertas a la corrupción, sino de analizar temas realmente sustantivos”. Editorial de El Tiempo, julio 4 de 2010, p. 1-16.

 

Unidad, ¿ para qué?

El diario El Tiempo escribió a comienzos de julio sobre la unidad. Era un título irónico que jugaba entrelíneas con una  sentencia de Darío Echandía, ¿La unidad (el poder), ¿para qué? Entonces Echandía  reflexionaba frente a los desastres de la Violencia en y después del 9 de abril de 1948, en los que murió uno de sus hermanos.

Sabido es que la guerra interna no terminó con la desmovilización de la guerrilla liberal constituida por miles de desplazados, levantados en armas en los Llanos Orientales contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez. Ahora el desplazamiento se multiplica por millones y no se hace nada efectivo para garantizarles una vida digna.

El bloque en el poder vende ahora, con la presidencia de Juan Manuel Santos, un refrito de unidad que no deja de parecerse al Frente nacional de clase con un antecedente centenario: el acuerdo bipartidista forjado con la Iglesia Católica primero, y luego los partidos Liberal y Conservador entre 1885 y 1886. Fernando Guillén Martínez lo entendía como el primer frente nacional en su comprensión sociológica de la política colombiana.

En aquel tiempo, los señores y comerciantes de arriba, la oligarquía liberal y conservadora, con la excepción de la intelectualidad radical, impulsó la vía capitalista “junker” montada sobre la explotación del trabajo de los muchos, los de abajo cuya mayoría era población rural, campesina e indígena, y minorías urbanas. En los 8 años de gobierno de Uribe se retrogradó en cierto modo cien años atrás para consolidar ilegalmente el latifundio y los megaproyectos asentados en las tierras expropiadas a campesinos medianos y pobres.

Entonces con la guerra de los mil días se barrió cualquier pretensión de revolución burguesa niveladora como la de los Estados Unidos. Ellos ensayaron la vía “farmer” publicitada e idealizada por Thomas Jefferson. Aquellos arrestos jacobinos no le impidieron al propio Jefferson tener esclavos a su servicio, separando al norte del sur. Después vino la guerra civil de 1861-65, y no fue suficiente para conjurar la segregación entre minorías negras pobres y blancos. Tuvo que darse el movimiento por los derechos civiles de los años 50-60, que hicieron viable el funcionamiento de una poliarquía, quebrándole una vértebra a la segregación, para darle paso a lo que los especialistas llaman una democracia liberal.

Volviendo a Colombia, más de cien años después, el sucesor de Álvaro Uribe, cuyos gobiernos hizo posible la coalición del capital financiero nacional y transnacional y los  grandes propietarios de la tierra, legal e ilegal, se enfrenta con el asunto de la unidad para enfrentar al enemigo interno, y a los adversarios externos, o viceversa, según convenga a la retórica de turno. La oposición real legal y armada coinciden en tres puntos: la reforma agraria, la defensa de los derechos humanos y el respeto a los postulados del derecho de la guerra, y el rechazo a la injerencia militar estadounidense simbolizada en el uso inconstitucional de siete bases militares en territorio de Colombia.

La lista de mercado y la elección de lo fundamental

La lista de mercado hecha por El Tiempo de 4 de julio reconocía que no bastaba con “facilitar la gobernabilidad y limar las asperezas en el parlamento” para enumerar lo fundamental, pero guarda silencio sobre los tres puntos principales de los que sí habla la oposición con las vocerías singulares de Gustavo Petro, de un lado, y Alfonso Cano del otro, de acuerdo al video divulgado en Youtube, donde por algo más de media hora propone de nuevo conversar al líder del bloque en el poder. Cuando éste anuncia reformas en materia de empleo y salud para pegar su unidad oligárquica a la suerte de los gobernados que son cada vez más pobres y excluidos, según lo registró la nueva metodología del Dane para medir la pobreza y la indigencia.

Está claro que no bastó con lo que Álvaro Gómez Hurtado exigía, el cambio de régimen político. A esta tarea se aplicó el doble gobierno de Álvaro Uribe, quien convirtió el neo-presidencialismo establecido en 1991 en uno de excepción incluida la cuota inicial puesta por la administración Pastrana que tomó el trágico rumbo de la guerra interna. Así, ambos gobernantes clausuraron las negociaciones de paz con la guerrilla de las Farc, utilizando el garrote del Plan Colombia que ya consumió siete mil millones de dólares de “ayuda” externa, con el pretexto que esta y las otras guerrillas no quieren las reformas. O lo que es peor, que las reformas sustanciales no se obtienen por decreto para parodiar al difunto Alfonso López II.

Esta movida contra-reformista hizo naufragar también la apuesta reformista de Ingrid Betancourt, que impulsó el conteo del voto en blanco, y quien estuvo luego por  más de 6 años en cautiverio. En la selva escuchó cómo la reforma política se consumía en el infierno de la para-política. De ella  tampoco quiso hablar la rebelde de antaño al mismo tiempo que hacía y renunciaba a reclamar indemnización por la pérdida prolongada de su libertad en manos de la guerrilla con quien  discutió acremente como candidata en San Vicente del Caguán. Varios de sus interlocutores de entonces ya están muertos o en las cárceles de Estados Unidos.

Régimen de excepción o Estado mafioso

El cambio hacia el excepcionalismo de hecho y de derecho como forma del régimen presidencial de Colombia que otros insisten en denominar Estado mafioso se operó reversando diez años de promesas de democratización política sin reforma social que se ventilaron entre los años 1990 y 1999. Esta fue la tarea contra-reformista cumplida en la década que concluye, 1999-2010. Tal es el logro, la misión cumplida de manera retrógrada por el bloque reaccionario bajo la batuta del liberal Uribe Vélez.

Él potenció los previos arreglos de Andrés Pastrana y Bill Clinton su principal aliado internacional. En lugar de la Alianza para el progreso, de la era Kennedy-Johnson ahora tuvimos la implementación del Plan Colombia Clinton-Bush-Obama, esto es, la degeneración democrática como antídoto contra las demandas de igualdad social que encabeza la ciudadanía plural y diversa que resiste en campos y ciudades.

En resumen, Colombia mutó su régimen neo-presidencial que nació prometiendo ampliar la representación de los gobernados con la llamaba democracia participativa, transformándose en un régimen presidencial de excepción prolongado de hecho en lo que cada vez conocemos mejor como para-política sobre la cual la Corporación nuevo arcoíris nos ha ilustrado mostrando las picardías electorales a través de la atipicidad de dos elecciones presidenciales y congresionales.

La tercera elección, la actual del presidente Juan Manuel Santos, no parece salir de este laberinto reaccionario, aunque él se ufane de haber conseguido 9 millones de votos y de ser un paladín de la tercera vía defendida por la social-democracia neoliberal. No sólo está por documentarse el fraude electoral de 2010, lo ocurrido en las dos últimas horas de la segunda vuelta presidencial, cuando la abstención según el Registrador nacional ascendía al 61 porciento.

Con el porcentaje final  también creció la abstención, y  volvió a ganar la mayoría absoluta en el conteo real. Ella nos recuerda que los problemas fundamentales de la población siguen irresueltos, no importa que sutilezas se esgriman para descalificarla. Adicionalmente se dio el caso que triunfo el voto en blanco en la elección para el parlamento Andino cuyo efectiva aplicación está demandada a la fecha.

Igualmente, seguimos sin tener certeza de la composición del congreso de Colombia. La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Adelina Covo se comprometió públicamente  a finiquitar el escrutinio de elegidos al Senado, lo cual ya ocurrió, pero aún no sabemos quiénes serán los elegidos a la nueva Cámara, que en cualquier caso tendrán una presencia notoria de la para-política como lo probaron los resultados conocidos, que sólo excluyeron hasta hoy de congresistas de vinculaciones con la para-política al PDA. Hasta el mismo partido Verde está entrampado con uno de sus senadores, quien fuera gobernador de Boyacá, y a quien se investiga todavía por sus manejos de entonces.

Perlas uribistas  y recomposición del poder gobernante

Con independencia que se cumpla lo prometido por el bloque en el poder que recompone Juan Manuel Santos, hoy sabemos que son figuras a bordo Germán Vargas Lleras y Rodrigo Rivera. Ellos representan en la unidad a Cambio Radical y el partido de la Unidad Social. El bloque oligárquico tiene en la canciller Holguín y en el ministro de Economía, Juan Carlos Echeverri, la cuota del Conservatismo ortodoxo, mientras que la heterodoxia la representa Juan Camilo Restrepo en la cartera de Agricultura, coautor de “las perlas uribistas”.

El socio menor en este ejercicio sigue siendo el vergozante partido Liberal, el mayor perdedor electoral donde todavía ignoramos cuál será la suerte de Rafael Pardo. Aunque Rivera siga siendo uno de los consentidos del expresidente César Gaviria, y un estratega en el sonsaque y “compra” del voto liberal, quien tomó distancia del  “redil” a raíz de los choques con el presidente Uribe.

Este bloque en el poder tiene una oficialidad mercenaria, porque incluye en las mayorías del Congreso a los herederos de la para-política. No pocos son parte del PIN, y la cauda que ellos movilizaron a última hora votó junto a los millones disciplinados por el subsidio en las urnas para elegir a Santos y disminuir en diez porciento la abstención de la última hora.

Así las cosas, la ilegitimidad denunciada y la ilegalidad no declarada de las dos presidencias de Álvaro Uribe afectan por igual, en materia grave, al actual bloque oligárquico cuyo nuevo gobierno estrena la dirección de Juan Manuel Santos el 7 de agosto, cuando se conmemora un año más del triunfo en la batalla de Boyacá durante la celebración del bicentenario del descolorido grito de independencia por el criollismo nativo.

Registradas las vicisitudes jurídico-políticas del régimen recompuesto, a las que se suman las censuras del presidente y el vicepresidente salientes, lo sustancial según el recetario hecho por El Tiempo ha de versar, primero que todo, en materia de salud. Sigue luego la justicia afectada por la impunidad, que dizque combatía la impunidad utilizando la receta de la conmoción interna. Ahora se anuncia que empezará por separar las funciones de justicia y de gobierno, luego de haberlas fusionado en un solo ministerio, sin que nadie repare en los costos de este monumental fracaso de concentración institucional a manos del ejecutivo saliente.

De otra parte, está el desafío del crecimiento económico recesivo centrado en el petróleo y la minería que en cualquier momento puede desencadenar la epidemia holandesa. Ello  siembra dudas inmediatas en la bandera de la prosperidad democrática y, por sobre todo, a quiénes beneficiará de tener éxito tal prosperidad.

El  capítulo más olvidado es la tierra en términos de productividad y equidad para los muchos. El desastre más insultante son los millones de desplazados desamparados, errantes y las innúmeras fosas comunes que se siguen excavando ahora con veeduría internacional. De esta situación el diario El Espectador registra su espeluznante conteo e inhumano resultado.

En lo histórico, las únicas reformas agrarias que hemos tenido han sido contra-reformas desde los tiempos de la desamortización de bienes de manos muertas. Pero, eso sí, ha sobrado la retórica reformista del liberalismo. Como si fuera poco el anterior listado también se recuerda el asunto crítico del agua amenazada por su privatización avasalladora con la ciega diligencia del flamante Ministerio del Ambiente que quedará en manos de la hija del dueño de Aviatur, es decir, más ratones para el queso del agua con el señuelo del turismo ecológico y sus sucedáneos.

Un presente con amenazas de guerra andina

El último capítulo, por supuesto el más grave, es el curso de las relaciones internacionales con nuestros vecinos. Colombia cosechó desastre tras desastre con sus más inmediatos y lejanos vecinos. Primero sirvió su diplomacia los poderosos  intereses de Gran Bretaña, cambió su conducta internacional en el deshonroso episodio de las Malvinas, en connubio con los Estados Unidos. Después vinieron las agresiones a Venezuela y Ecuador con el pretexto de luchar contra el terrorismo de las Farc.

El penúltimo episodio ha sido el costoso e indigno alquiler de bases militares al gobierno estadounidense, luego que éste saliera de la base ecuatoriana de Manta. Resulta como un pago diferido al episodio de agresión en la frontera con Ecuador cuya investigación no termina, en la que aparece implicado penalmente el nuevo presidente de Colombia, y cuando el gobierno de Correa sigue a la espera que se entregue por Colombia  el material informativo incautado en el campamento  de Angostura cuando se dio muerte a Raúl Reyes y a veinticuatro personas más acusados sin pruebas conocidas hasta ahora de ser todos guerrilleros o auxiliadores de las Farc.

El último episodio ha sido la audiencia realizada por el gobierno colombiano ante la OEA, por el embajador Hoyos, demandando explicaciones del gobierno venezolano por la presencia de campamentos guerrilleros bajo cobijo de su territorio, y algunos funcionarios obrando como aliados de las Farc y el Eln; y la constitución de una comisión multinacional que en menos de 30 días verifique los asertos de la denuncia oficial colombiana.

La respuesta a esta confrontación retórica se produjo en la misma audiencia, cuando el presidente Chávez hizo oficial la ruptura de relaciones con Colombia, y un conjunto de acciones que perjudican las relaciones binacionales en diversos aspectos, primero que todo, la libre movilización y el comercio tradicional entre las dos naciones.

Vino después el fracasado intento de la reunión de cancilleres de Unasur, donde el roce entre Bermúdez y Maduro, ha hecho urgente la reunión de los presidentes de Suramérica buscando conjurar los aires de guerra entre vecinos. Para lo cual se espera la posesión del nuevo presidente que corrija la errática hoja de ruta en la que colaboró activamente con su antecesor.

Los huevos de la seguridad, la confianza y la cohesión se engüeraron. Los huevitos empollados en el Ubérrimo fueron huevos vacíos; peor aún la yema prometida se malogró para las grandes mayorías, quienes en estos ocho años están más desnutridas y famélicas que nunca.

Qué le corresponde hacer al maltrecho bloque democrático de la oposición legal. No cejar, primero que todo, en la tarea de realizar un juicio político a los gobernantes saliente y entrante, acompañado de la censura efectiva contra la continuación de la para-política en las ramas del poder público, y, sobre todo, en el congreso, que quiebre la mayoría espúrea que respaldará al bloque oligárquico. Hacerlo implica algo más que la rechifla al presidente Uribe en Medellín.

Se trata ahora de desmontar  el unanimismo de la oligarquía gobernante, su fementida unidad nacional, de la que no hacen parte cinco millones de votantes, y más del cincuenta porciento que se abstuvieron de hacerlo. Es necesaria la movilización plural, la toma de calles y el paro ciudadano que exige reglas democráticas y liberación de la guerra interna y externa de la seguridad autoritaria. Un promisorio anticipo fue la minga patriótica, y es necesario que ésta gane momento con la unidad plural de los movimientos sociales y políticos para exigir la reforma social, la redistribución de la riqueza acumulada por la especulación financiera, y el juicio al presidente y sus colaboradores para detener la degeneración democrática que agobia a Colombia.

Last modified on Viernes, 06 de Agosto de 2010 20:39

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